martes, 17 de abril de 2012

¿Y si hubiera impactado el asteroide del Domingo de Ramos?

La roca tenía más de 30 metros, suficiente para arrasar una ciudad entera

ABC Día 02/04/2012 - 16.13h




El Domingo de Ramos, un asteroide del tamaño de un avión de pasajeros rozó la Tierra a poca distancia, aún más cerca que la órbita en la que se sitúa la Luna. Como estaba previsto, la roca espacial, llamada 2012 EG5, no supuso ningún peligro, pero ¿qué habría ocurrido si algo hubiera perturbado su trayectoria y hubiera impactado contra la Tierra? Según el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL, por sus siglas en inglés) de la NASA, nuestro visitante tiene entre 36 y 81 metros de diámetro, lo suficiente para provocar daños de grandes proporciones y arrasar una ciudad entera. Para hacernos una idea de su poder destructivo, solo hay que recordar que el cometa que arrasó por completo una inmensa área de 2.000 kilómetros cuadrados en la estepa de Tunguska en 1908 medía 80 metros.
La gran mayoría de los grandes asteroides, aquellos que tienen más de un kilómetro y pueden causar una catástrofe planetaria (casi un millar), ya están localizados por los científicos y ninguno de ellos tiene una órbita peligrosa, al menos por el momento. Eso sí, si uno llegara a dar en la diana, estaríamos perdidos. El famoso Apophis, por ejemplo, que mide 300 metros, podría devastar una región entera del tamaño de Extremadura o Cataluña.
Los asteroides más pequeños también pueden ser peligrosos y, además, son mucho más difíciles de detectar. Si el objeto supera los 20 ó 30 metros, como es el caso del nuevo asteroide del Domingo de Ramos, el asunto es muy serio. Una ciudad entera podría quedar arrasada. Además, una roca que no llega a los diez metros de diámetro con una densidad media puede provocar una explosión de 4 kilotones en la atmósfera. Nada desdeñable, si se tiene en cuenta que la bomba de Hiroshima tenía 15. En octubre de 2009, otra roca de diez metros alcanzó la atmósfera de la Tierra sobre Indonesia. Esta se desintegró, pero la explosión que provocó sobre los cielos tenía la potencia de tres bombas atómicas.

Alteraciones en su órbita

El asteroide del Domingo de Ramos pasó a 230.000 kilómetros de la Tierra, a una velocidad de 8,24 km por segundo. La Luna órbita a unos 382.000 kilómetros, por lo que el 2012 EG5 ha estado a una distancia de 0,6 lunas. Los astrónomos creen que los objetos que logran a acercarse a menos de 3,5 veces la distancia de la Tierra pueden sufrir alteraciones en su curso normal por la gravedad de nuestro planeta o de nuestro satélite, por lo que son vigilados atentamente.

La roca no vino sola. El 2012 EG5 es el tercer asteroide que se ha acercado a la Tierra en estos días. Otras dos pasaron el mismo día, más lejos y más pequeñas, y una tercera, más grande (52-120 metros) y aún más lejana, se dejó detectar por los sistemas de los astrónomos el día 31.

Otro asteroide, el 2012 FA57, descubierto el 28 de marzo, se acercará a la Tierra el 4 de abril a una distancia un poco más allá de la órbita de la Luna.

¿Quién teme a los agujeros negros?

Investigadores de Princeton explican qué ocurriría si uno de ellos, de tamaño microscópico y la masa del Everest, atravesara la Tierra.

ABC Día 03/04/2012 - 09.40h



Un grupo de investigadores de la Universidad de Princeton acaba de publicar un artículo en arxiv que explica cómo sería el encuentro de la Tierra con uno de los muchos agujeros negros microscópicos que, según la teoría del Big Bang, se formaron en los primeros momentos de existencia del Universo. Y la conclusión es que no tenemos nada que temer de ellos, ya que atravesarían la Tierra sin que ni siquiera nos diéramos cuenta de lo que está ocurriendo.
Sin embargo, estos agujeros negros primordiales sí que provocarían en nuestro planeta una respuesta que puede medirse con la tecnología actual. Y es que en el momento en que el micro agujero negro estuviera atravesando el mundo de parte a parte, el núcleo terrestre vibraría de una forma característica y que puede ser detectada por los sismógrafos como un pequeño terremoto global de cuatro grados de magnitud.
Pero volvamos al principio. Durante las últimas décadas, los científicos han descubierto la existencia de distintas clases de agujeros negros. Los hay enormes, millones de veces más masivos que el Sol, en el centro de muchas galaxias (entre ellas la nuestra). Los hay también que nacen del colapso gravitatorio de una estrella de gran tamaño. No miden más de 3 ó 4 km., pero en ese reducido espacio concentran toda la masa de la estrella original, lo que hace que sean objetos realmente peligrosos.


Y luego están los microagujeros negros. Más pequeños que un núcleo atómico y con una masa, para entendernos, que podría ser equivalente a la del monte Everest. Según las teorías acuales, estos microagujeros "primordiales" no se formaron como consecuencia de un colapso gravitatorio, sino en puntos de enorme densidad de materia en los primeros momentos que siguieron al Big Bang, la gran explosión de la que surgió todo el Universo hace 13.700 millones de años. Algunos investigadores piensan que, en realidad, esos pequeños agujeros negros son el tan buscado ingrediente del que está hecha la materia oscura del Universo.
Según la teoría, muchos de esos diminutos agujeros negros primordiales se habrían evaporado con el paso del tiempo (a través de un proceso llamado radiación Hawking, descubierto por el célebre físico británico), pero un buen número de ellos podría haber sobrevivido hasta la actualidad. Por desgracia, nadie hasta ahora ha sido capaz de detectar uno.
Sí que ha habido, que sepamos, dos falsas alarmas. La primera fue en 1908, cuando una misteriosa explosión arrasó 2.000 kilómetros cuadrados de estepa siberiana cerca de la localidad de Tunguska. En 1973 un grupo de físicos propuso que el responsable fue un pequeño agujero negro que chocó contra la Tierra justo en ese punto. Sin embargo, la teoría resultó ser errónea y, con los datos actuales, lo más probable es que el "culpable" fuera un fragmento de un cometa que explotó a baja altura, lo que explica además la ausencia de un cráter de impacto.
Un terremoto sin explicación
La segunda falsa alarma se produjo en tiempos mucho más recientes. En 2003, otro grupo de investigadores sugirió que una serie de datos sísmicos sin explicación aparente se debió, precisamente, al impacto de un pequeño objeto de enorme densidad contra el planeta. Pero al final se averiguó que el origen había sido un terremoto convencional.
Ahora, Shravan Hanasoge y su equipo de la Universidad de Princeton creen haber encontrado un método que evite que se produzcan más falsas alarmas en el futuro. Y que permitiría, sin dejar lugar a dudas, identificar a un hipotético miniagujero negro de unos pocos miles de millones de toneladas que chocara contra la Tierra.
El agujero nos golpearía, seguramente, a una velocidad de varios cientos de kilómetros por segundo. Pero al ser tan pequeño, lo único que haría sería abrir un túnel microscópico a través de la Tierra, algo que, según los investigadores, no tendría consecuencia alguna para nosotros. Sin embargo, sí que existe una forma de descubrir esa "visita". Y es que, al atravesar el núcleo terrestre de parte a parte, el agujero negro lo haría vibrar, creando una serie de ondas de choque perfectamente esféricas y simétricas.
Detectadas en todo el mundo
Unas ondas que serían detectadas, a la vez, por todos los sismógrafos del mundo ya que parecerían proceder de todas partes, algo muy distinto de lo que sucede con un terremoto convencional. "Eso - asegura Hanasoge - distinguiría esas señales de cualquier otra de las que se detectan normalmente".
La intensidad de ese temblor, por suerte para nosotros, sería muy pequeña, no mayor de cuatro grados de magnitud, lo que no causaría daños ni destrucción alguna. Un suceso, según Hanasoge, apenas digno de ser recogido por algún medio de comunicación.
Sin embargo, el hecho de que exista este novedoso método de detección no significa que a partir de ahora vaya a ser fácil descubrir la presencia de un microagujero negro. De hecho, y aunque hubiera suficientes como para dar cuenta de toda la materia oscura de nuestra galaxia, no se produciría un impacto contra la Tierra más que una vez cada diez millones de años.

Más vida para los telescopios Spitzer, Kepler y Planck

La NASA prolongará las misiones de los dos primeros y financiará durante un año más su participación en el tercero

ABC Día 07/04/2012 - 12.21h



La NASA prolongará la vida de los telescopios Spitzer y Kepler, así como su participación en la misión del europeo Planck, ha informado la agencia espacial tras realizar una revisión de sus misiones astrofísicas.

Los científicos podrán seguir utilizando los tres telescopios para estudiar el Universo, ha señalado en comunicado Michael Werner, científico jefe de Astronomía y Física en el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA en California.

Kepler, cuya misión estaba previsto que concluyera a finales de esta año, seguirá en funcionamiento hasta el 30 de septiembre de 2016, aunque el presupuesto destinado a esta misión será revisado en 2014. Lanzado en 2009 en busca de pruebas de la existencia de planetas similares a la Tierra o en los que se den las condiciones de temperatura medias donde pueda existir agua líquida, durante sus primeros años de misión ha detectado más de 2.326 candidatos.






Por su parte, Spitzer, lanzado en 2003, es el elemento final del Programa de Grandes Observatorios de la NASA y continuará aportando sus imágenes únicas del Universo son su visión en infrarrojos hasta 2014. Su misión es analizar las atmósferas de los planetas fuera de nuestro sistema solar, así como el brillo de las galaxias más lejanas conocidas por los astrónomos.

La agencia espacial financiará además durante un año más su participación en el telescopio Planck, que fue lanzado en 2009 por la Agencia Espacial Europea (ESA), para recopilar y analizar dados para estudiar el origen del Universo después del Big Bang, su evolución y su destino.

Un tornado solar cinco veces más grande que la Tierra

Filman por primera vez este impresionante fenómeno que parece sacado del peor de los infiernos

ABC Día 03/04/2012 - 17.40h



Conocemos por las noticias la violencia y la capacidad destructiva que puede tener un tornado. Ahora imagine que ese tornado es cinco veces más grande que la Tierra y que está compuesto por un material tan ardiente como el que debe de dar forma al peor de los infiernos. Ese fenómeno es real. Se produce sobre la superficie del Sol, generado por las emisiones magnéticas. Científicos de la Universidad de Aberystwyth (Reino Unido) pudieron filmarlo en septiembre de 2011 y ahora lo han dado a conocer. Resulta apabullante.

El nuevo y gigantesco tornado solar, «único y espectacular», según los científicos, fue detectado por el Observatorio de Dinámica Solar (SDO), un satélite de la NASA lanzada hace dos años que se dedica a estudiar el comportamiento de nuestra estrella. «Esta es quizás la primera vez que un enorme tornado solar es filmado por una cámara. Anteriormente, el satélite SOHO había descubierto otros mucho más pequeños, pero no pudieron ser grabados», explica el investigador Xing Li, uno de los descubridores del torbellino. El equipo cree que el fenómeno está relacionado con el desencadenamiento de las tormentas solares.

A 300.000 km por hora
La sonda detectó gases supercalientes entre 50.000 y 2.000.000 de grados Kelvin en forma de espiral y viajando alrededor de 200.000 kilómetros a lo largo de trayectorias helicoidales por un período de al menos tres horas. Estos gases solares se mueven a 300.000 kilómetros por hora, cuando los tornados terrestres pueden llegar a 150 kilómetros por hora.


Los tornados ocurren a menudo en la raíz de enormes eyecciones de masa coronal. Cuando se dirigen hacia la Tierra, estas eyecciones de masa coronal pueden causar daños significativos a nuestros satélites e incluso noquear la red eléctrica. Las últimas tormentas solares del 8 al 10 de marzo, que obligaron a desviar vuelos sobre el Ártico y afectaron a las comunicaciones por radio en algunos puntos del planeta, vertieron suficiente energía a la atmósfera superior de la Tierra como para poder abastecer cada domicilio de una ciudad como Nueva York durante dos años.

Cómo se transforma una galaxia espiral en una elíptica

Este hallazgo es la «pieza crucial que faltaba para conectar y resolver el puzzle de esta fase de evolución de las galaxias»

ABC Día 04/04/2012 - 12.00h




Un equipo de científicos ha logrado captar la transición de una galaxia espiral a una elíptica, un hallazgo que contribuirá a entender la evolución galáctica, informó este miércoles la agencia espacial estadounidense, NASA.

Con ayuda del Observatorio «Galaxy Evolution Explorer» de la NASA, el equipo de investigadores ha detectado cómo la galaxia NGC 3801 está perdiendo parte del gas frío de su interior, síntoma de esta transformación.

Desde hace tiempo se sabe que las galaxias espirales ricas en gas, como nuestra Vía Láctea, se contraen para crear las galaxias elípticas, entre ellas la observada en el estudio, con poca población de estrellas.








Resolver el puzzle de la evolución

El proceso que guía la gran transformación de las galaxias jóvenes en espiral a las galaxias elípticas es la rápida pérdida de gas frío, que hace las veces de combustible para la formación de nuevas estrellas. Los expertos creen haber encontrado ese rasgo en la NGC 3801.



«Hemos detectado una galaxia en el acto de la destrucción de su combustible gaseoso para (la creación de) nuevas estrellas» indica Ananda Hota, autor principal del estudio publicado en «Monthly Notices» de la Royal Astronomical Society, según recoge la NASA en un comunicado. Un hallazgo que, a juicio del astrónomo, es la «pieza crucial que faltaba para conectar y resolver el puzzle de esta fase de evolución de las galaxias».

Los investigadores utilizaron el «Galaxy Evolution Explorer» para determinar la edad de las estrellas de la galaxia y descifrar su historia evolutiva. Las observaciones ultravioletas revelan que la formación de estrellas en NGC 3801 se agotó en los últimos 100 a 500 millones de años, lo que demuestra que la galaxia ha dejado atrás años de juventud y ha comenzado la transformación.

Sin rastro de Theia, el planeta perdido

La teoría más aceptada dice que chocó contra la Tierra y originó la Luna, pero científicos sugieren que en el nacimiento de nuestro satélite natural no participó ningún otro mundo

ABC Día 27/03/2012 -19.33h



Hace unos 4.500 millones de años, cuando el Sistema Solar todavía era poco más que un proyecto por realizar, un enorme objeto del tamaño de Marte chocó contra la Tierra. Una de las teorías predominantes dice que se trataba de un planeta, bautizado como Theia, que impactó de forma violentísima. Del impacto salió disparada hacia el espacio una gran cantidad de escombros que, finalmente, terminaron unidos formando la Luna, la que ahora contemplamos en el cielo. Esta es la historia más aceptada de los orígenes de nuestro satélite natural, una historia a la que un equipo de científicos de la Universidad de Chicago ha puesto un nuevo «pero». Los investigadores han analizado la composición isotópica de la Tierra y la Luna y han descubierto que es muy parecida, demasiado parecida.

Tanto que ni siquiera han encontrado restos del segundo objeto en colisión. La investigación, que aparece publicada en la revista Nature Geoscience, suscita más preguntas que respuestas. ¿Es que no hubo ningún choque? Entonces, ¿cómo se formó la Luna?

Los geofísicos compararon los isótopos de titanio de la Luna y la Tierra y, según ellos, resultan demasiado parecidos para apoyar la teoría de que nuestro satélite podría haberse formado con el material de un segundo planeta. Los científicos ya habían descubierto que los isótopos de oxígeno del manto de la Tierra y de la Luna eran casi idénticos, pero eso no era suficiente para menoscabar la teoría de que una colisión con Theia había creado la Luna, porque los isótopos de oxígeno terrestres podría haberse mezclado con isótopos de la masa de material fundido que circundaban el planeta después del impacto. Sin embargo, los isótopos de titanio no son tan fáciles de intercambiar.

La mayoría de los científicos coinciden en que si un planeta se estrelló contra la Tierra y se produjo la Luna como consecuencia del impacto, esta luna debería estar hecha también de ese otro planeta, al menos en un 40%. Si ese es el caso, ¿por qué los estudios de las rocas traídas por las misiones Apolo no muestran ninguna evidencia de este planeta?

Un giro veloz.

Algunos sugieren que la Luna no se produjo como consecuencia de un impacto, sino de partes de la Tierra que se lanzaron en órbita debido a un giro más rápido de lo que ahora conocemos. Desafortunadamente, no hay ninguna evidencia que apoye la idea de que alguna vez la Tierra llegó a girar a esa velocidad. Otros sugieren que tal vez no fue un planeta lo que chocó contra la Tierra, sino un objeto hecho de hielo, que se habría evaporado sin dejar ninguna evidencia del golpetazo.

Y algunos, a pesar de las nuevas pruebas, aún se aferran a la creencia de que podría haber sido Theia la otra «madre» de la Luna, si ese mundo estuviera hecho del mismo material que nuestra bola azul, es decir, que los isótopos serían los mismos. Las probabilidades de que esto sea así son bastante escasas, pero no imposibles. Los científicos esperan que algún día una nueva investigación proporcione una respuesta definitiva. De momento, las preguntas son más que las respuestas.

Planetas hiperveloces escapan de nuestra galaxia

Salen disparados a la increíble velocidad de 50 millones de km por hora, lo que puede convertirles en los objetos más rápidos de la Vía Láctea

ABC Día 02/04/2012 -17.25h




Hace siete años, los astrónomos se quedaron atónitos al descubrir por primera vez una estrella "hiperveloz" escapando de nuestra galaxia a 2,4 millones de km. por hora. Hoy se conocen ya 16 estrellas que se comportan de la misma forma y se han estudiado los mecanismos que hacen posible que adquieran tales velocidades. Desde el principio, sin embargo, muchos empezaron a preguntarse si sería posible que algo parecido le sucediera también a un planeta. Ahora, una investigación realizada por científicos del centro de Astrofísica Harvard Smithsonian y el Dartmouth College acaba de demostrar que sí.



Y no solo eso, sino que esos planetas, además, pueden "escapar" de la Vía Láctea a la increíble velocidad de hasta 50 millones de km. por hora o, lo que es lo mismo, casi a 14.000 km. por segundo. "Estos mundos - afirma Avi Loeb, uno de los autores del estudio - podrían ser los objetos más veloces de nuestra galaxia. Si alguien viviera en uno de ellos, sería como ir montado en un toro mecánico desde el centro de la Vía Láctea hasta el universo exterior".

Idan Ginsburg, por su parte, director del estudio e investigador del Dartmouth College, una universidad privada de New Hampshire, en Estados Unidos, afirma que "aparte de las partículas subatómicas, no conozco nada capaz de abandonar la galaxia tan rápido como lo hacen estos planetas errantes".

La culpa del gran agujero negro.

Estos mundos hiperveloces son posibles por la misma razón que permite la existencia de estrellas hiperveloces. Un sistema estelar doble (en los que dos estrellas se orbitan mutuamente) se aventura demasiado cerca del gran agujero negro que hay en el centro de la galaxia. Las enormes fuerzas gravitatorias a las que son sometidas rompen su unión violentamente. Una de las estrellas sale despedida a gran velocidad y la otra es capturada por el agujero negro.

Para llevar a cabo su estudio, los investigadores simularon lo que sucedería si cada una de estas dos estrellas tuviera uno o dos planetas en órbita. Y se encontraron con que la estrella que sale despedida hacia el exterior sería perfectamente capaz de arrastrar consigo sus planetas. La segunda estrella, sin embargo, al ser capturada por el agujero negro, vería cómo sus mundos son arrancados violentamente de sus órbitas y arrojados hacia el espacio interestelar a velocidades relativistas.

Un planeta hiperveloz típico podría salir despedido de la galaxia a una velocidad que oscila entre los once y los dieciséis millones de km. por hora. Sin embargo, un pequeño número de estos hipotéticos planetas podrían alcanzar, en condiciones ideales, velocidades mucho mayores, de hasta 50 millones de km. por hora.

Perdido en el vacío intergaláctico.

Por desgracia, los instrumentos de observación de los que disponemos en la actualidad no son capaces de captar un lejano mundo solitario y oscuro viajando a casi 14.000 km. por segundo. Pero sí que podrían detectar los mundos que sigan estando en órbita de una estrella hiperveloz. Sería sólo cuestión de observar la estrella y medir el ligero oscurecimiento que se produciría cuando el planeta pasara por delante de ella.

Los investigadores creen que un planeta en órbita de una estrella hiperveloz debería por fuerza estar muy cerca de ella. Y han calculado las posibilidades de detección en un 50%. "Si hay una posibilidad entre dos de ver un tránsito, siempre que la estrella hiperveloz tenga un planeta, tiene todo el sentido intentar detectarlo", afirma Ginsburg.

El destino de estos mundos, viajen en solitario o junto a sus estrellas, será el de salir de la Vía Láctea y seguir viajando hasta perderse a través del enorme vacío intergaláctico. "Las agencias de viaje - bromea Loeb - ofrecerían excursiones a planetas hiperveloces sólo para los muy aventureros".

Así sería un viaje a través de un agujero negro

Esto es lo que veríamos si consiguiéramos atravesar uno de estos túneles cósmicos, en los que el espacio y el tiempo se deforman hasta lo inverosímil

ABC Día 02/04/2012 - 17.25h




No se trata de la interpretación de un artista, sino de una rigurosa simulación realizada con una supercomputadora programada para seguir fielmente las reglas de la Relatividad General. El resultado, obtenido por el astrofísico Andrew Hamilton, de la Universidad de Colorado en Boulder, es un vídeo de lo que veríamos si pudiéramos viajar a través de un agujero negro hasta un lugar cualquiera del Universo. Un viaje alucinante donde los haya. Y muy lejos, por cierto, del alcance de la tecnología actual.

Supongamos que queremos ir hasta Andrómeda, la vecina más próxima a nuestra galaxia, la Vía Láctea. Andrómeda se encuentra a dos millones de años luz de distancia de nosotros, lo cual significa que incluso si pudiéramos viajar a la velocidad de la luz (300.000 km./s), cosa que no podemos hacer, tardaríamos dos millones de años en llegar.

Sin embargo, la Física nos brinda otro modo (por lo menos en teoría) de alcanzar nuestro objetivo. Y ese modo no es otro que meternos de cabeza en un agujero negro, un lugar donde el espacio y el tiempo se deforman hasta lo inverosímil, para salir después por el otro extremo y emerger de un agujero blanco justo en el destino elegido.


Ahora, gracias a los esfuerzos de Hamilton (y aunque tal viaje no es posible con los medios actuales), podemos hacernos una idea bastante precisa de lo que veríamos si realmente pudiéramos atravesar uno de esos túneles espaciotemporales. Por supuesto, si nos zambulléramos de pie en un agujero negro de verdad nuestro cuerpo empezaría a estirarse como un espagueti, ya que la enorme gravedad tiraría de nuestros pies mucho más fuerte que de nuestra cabeza. Y eso si antes no quedamos vaporizados por los "chorros" energéticos que emanan del agujero. Pero Hamilton, en su visualización, da por hecho que el "viajero" está dotado de superpoderes y que sobrevivirá tranquilamente a la experiencia.

La imagen de todo el Universo.

Lo primero que hay que hacer, pues, es dejarse atrapar por el agujero negro. La gravedad nos atraerá hacia él sin remedio hasta hacernos cruzar el horizonte de sucesos, el punto de no retorno y a partir del cual nada, ni siquiera la luz, puede dar marcha atrás.

Pero vayamos por partes. Primero atravesaríamos el horizonte exterior del agujero, donde la realidad nos sería aún bastante familiar, y seguiríamos en caída libre hacia el horizonte interno. Es allí donde las cosas empezarían a parecer realmente extrañas. Lo primero que veríamos sería un estallido luminoso procedente del mundo exterior. Una luz infinitamente energética y que contendría una imagen de la historia completa de todo el Universo.

Al ir acercándonos a la "salida", entraríamos en un "agujero de gusano", un lugar donde el flujo del espacio se invierte, y sentiríamos cómo empezamos a acelerar de nuevo, aunque esta vez hacia fuera. El agujero de gusano termina justo en la entrada de un "agujero blanco", que es una versión invertida de un agujero negro. Aquí, el espacio "cae" hacia fuera en lugar de hacia dentro, y a una velocidad aparente mucho mayor que la de la luz. Es el momento en que se produce otro destello de radiación, un flash luminoso que esta vez contiene la imagen de todo el futuro del Universo.

A medida que nos movemos a través del agujero blanco nos vamos aproximando a su horizonte exterior. Cuando lo alcanzamos se produce un tercer destello, pero esta vez lo que aparece es un nuevo universo, en una imagen que contiene la totalidad de su pasado. Si miramos a través del agujero blanco del que acabamos de salir podremos ver la imagen del antiguo universo.

En otras palabras, en nuestro viaje habríamos roto dos barreras: la del espacio y la del tiempo. Por eso, a nuestra espalda podríamos ver aún el Universo original del que procedemos. Y delante, un universo nuevo, réplica del anterior pero con nosotros en Andrómeda, a dos millones de años luz de nuestro punto de partida...